
Teatro. Las niñas zombi
Celso Villanueva murió cuando tenía 15 años.
Nos vimos muy pocas veces. Él me iba midiendo a través de los años, de esto me di cuenta más tarde. Me sondeaba para ver si era inteligente, si era digno de llevar su nombre. Solo cuando murió me contaron cómo sobrevivió y por qué a mí me pusieron su nombre.
Casi tanto como esta historia, me fascina la construcción del relato, de la leyenda. Datos inexactos, periferias difíciles de imaginar, que mi abuela y mi padre me han contado durante años. Lo entiendo como una pequeña resistencia, su pequeña historia de vampiros y zombis que, siempre bajito y en casa, nos hemos podido contar. Una historia de cine negro que en pocos años ha pasado de ser un drama de guerra a un simple “érase una vez, en una galaxia muy lejana”.